Lords Of Atitlan


Ir al Contenido

Menú Principal:


Conservación de El Relleno

Blogs





La conservación de la bahía más pequeña de San Lucas Tolimán, el Relleno, sigue adelante sin apoyo de ninguna corporación, fundación, ni grupo de trabajo estadounidense. La limpieza es apoyada muy poco por el gobierno del municipio. Ni siquiera la parroquia de San Lucas se involucra. El proyecto es la visión de dos hombres de origen humilde, Don Pedro Jacinto y Don Francisco Ajcot. Pedro y Francisco no tienen nada, pero aman al Lago de Atitlán y por eso se han tomado la responsabilidad de su protección.

Pedro alquila una casita al pie de una colina cerca de la bahía. La casa está hecha de tablas, tiene piso de tierra, y pocas pertenencias. Pedro vive en ella con su familia extendida. Cada mañana camina hasta el lago para pescar. Con el paso del tiempo, Pedro ya no pudo ignorar la vista de las algas de color verde amarillento que ahogaba la bahía. Ver repartidos envases de plástico, vasos, sobres de champú y detergente, zapatos tirados, y trapos flotando sobre la mugre, le hizo enfermar. Remar por la bahía en su cayuco se volvió una tarea difícil. Las algas frecuentemente trababan la diminuta nave en su agarre letal. Lo grave de la situación se volvió obvio para él.

Pedro es un pescador de toda la vida, logrando apenas vivir por su tarea. Su esposa vende lo poco que pesca en el mercado. Luchan. Sin embargo, el Lago de Atitlán sostiene a Pedro y su familia, y está agradecido. Pedro comparte una intimidad con el lago de su vida que yo, aunque lo amo, nunca podría comprender. Desde su niñez, Pedro y el lago han convivido muchos días y noches, a solas.

Francisco, un vecino cercano, ha contemplado la bahía cada día de su vida. Ha presenciado su empeoramiento constante y diario. Le lleva unos añitos a Pedro, y recuerda el Relleno como era en su juventud: agua limpia potable, bastante tul alto y tupido, e igual que hoy, las lavanderas que siempre han estado.

Hoy las algas se extienden unos tres cientos metros hasta la embocadura de la bahía. La conservación del Relleno es un trabajo intimidante, casi inalcanzable. Sin embargo, Pedro y Francisco se han encargado de la tarea ellos mismos. Una mañana de domingo empezaron a arrancar las algas de la bahía con ganchos grandes y lazos. El domingo próximo, dos vecinos los acompañaron. La tercera semana, unos 30 voluntarios aparecieron, un número que nunca se ha visto hasta este día. Héctor Xep, un maestro, se involucró. Fue él quien por casualidad me pidió ayuda una noche cuando nos encontramos caminando por la bahía. Me había estado buscando. Don Carlos Maldonado donó dos cientos metros de lazo. Don Cristóbal Ajcot prestó un picop débil y un hijo fuerte, Carlos. Dos hermanas que vinieron de Jutiapa les sirven chuchitos y refrescos a los trabajadores. La comunidad se junta.

Adoro y admiro las lavanderas de San Lucas. No hay vista en Guatemala, y pocas en el mundo, más hermosa que las luqueñas lavando, placticando, y bañándose en las orillas del lago. En ningún lugar hay más sentido de comunidad; en ningún lugar hay más hermandad. No quiero espantar a las lavanderas; tampoco lo quieren los demás que participan en la limpieza del lago. Las lavanderas son sus esposas y sus madres. En gran parte, la limpieza del lago se está efectuando por ellas, y con su ayuda.

De hecho, partes de San Lucas carecen de agua. Las mujeres no tienen más remedio que caminar desde sus casas en Colonia San Juan, cantón la Cruz, finca Venezía, y cantón Pacóc para lavar en las Conchitas. Las que vienen de las colonias San Gregorio, Nuevo Amanecer I y II, y La Unión no tienen más remedio que lavar en el Relleno.

Los amigos y vecinos del Relleno les agradecen todas las sugerencias. Quisiéramos saber sobre jabones menos dañinos, herbicidas que podrían combatir las algas sin daños al agua y a los peces, y plantas que podrían ayudar a limpiar el agua de la bahía. Bienvenida sea la presión para que los gobiernos municipales dejen de botar aguas negras en el Lago de Atitlan, y para que los granjeros reduzcan el uso excesivo de pesticidas, herbicidas, y fertilizantes químicos. Les damos la bienvenida a las personas que ayudan sin importarles lo sucio y difícil que es el trabajo. Los amigos y vecinos del Relleno no tienen mucho. Sin embargo, juntos están benificiando al Lago de Atitlán y marcando la diferencia.


EspBlog6

Regresar al contenido | Regresar al menú principal