Lords Of Atitlan


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Cosecha de Cebolla

Capitulos





Mi primer amor en Guatemala fue las cebollas. Como turista en Xela en los primeros días que pasé en el país, subí a pie de Zunil al balneario las Fuentes Georginas. En el camino, pasé por las siembras más hermosas e intensamente cultivadas que nunca había visto. Un mundo de actividad se reveló ante mis ojos. Los hombres cultivaban la milpa, papa, y tomate con azadones. Las mujeres y los niños limpiaban las malas de las siembras de verduras con palos largos. Las familias enteras trabajaban en ritmo.

Algunos amarraban los retoños tiernos de cebolla en manojos, otros sembraban los retoños, mientras otros preparaban la tierra suave, volcánica y fértil para la siembra, y otros más cosechaban, lavaban y arreglaban los opulentos cultivos para presentarse en el mercado. Me acordaba de las palabras de Bernal Diaz mientras contemplaba el Valle de México por primera vez en el año 1519 y hablò de “cosas nunca antes vistas y pocas veces soñadas.”

El camino subía cada vez más en espiral, y encontré más vistas espectaculares a cada vuelta. Las siembras pequeñas en terrazas brotando con verduras y adaptadas a los contornos de los terrenos subían las montañas tras la neblina y las nubes hasta llegar al balneario. El paisaje se vio todo cuadriculado de verdes de todos los tonos que se podrían imaginar; y, en el aire, el olor de cebollas, extrañamente dulce, en todos lados.

Los cafetales dominan en muchos de los alrededores del Lago de Atitlán, igual que el maíz, la papa, y ejotes en las zonas más altas. Sin embargo, donde hay abundancia de sol y agua todo el año, como en muchos pueblos en las orillas del lago, en las orillas del Río San Francisco en Panajachel, o al lado de los riachuelos diminutos de las montañas, la hortaliza preferida es la cebolla. La cebolla es un cultivo rentable que requiere trabajo intensivo. Su producción es continua, casi sin época específica. Una sola siembra de cebollas puede cosecharse y volverse a sembrar en un solo día. Ordenadas en bultos largos, trenzadas y amarradas en manojos, las cebollas y sus tallos son algo glorioso de ver. Además, las cebollas se cosechan y se lavan en paisajes, y por gente, de belleza casi sin igual.

Debajo del Barrio San Bartolo en Sololá hay una serie de terrazas de cebolla que quitan el aliento al verse, parecen tumbarse hasta el Río Jaibal. Conduciendo de Sololá hacia lo que antes era el Camino Real, uno pasa por muchas siembras de cebolla cerca de San Isidro, Peña Blanca, Monte Mercedes, y Buena Vista. Al voltear arriba del Sector Chiroy y Tierra Linda se ve tras el cañon tallado durante milenios por el Río San Francisco un paisaje fantástico: el Lago de Atitlán, los volcanes Tolimán y Atitlán, el valle del río, las faldas de las montañas, varios pueblos, y un sinfín de siembras de milpa y cebolla.

Bajando de arriba de las paredes del cañón hacia Concepción (Quechelá) es como entrar a una aldea imaginaria. Quechelá, de muchas maneras, es como un pueblo congelado en el tiempo, con relaciones sociales y creencias religiosas que a veces son más antiguas que la conquista. En muchos pueblos, el beso ceremonial de la mano se limita a las procesiones religiosas y ciertas actividades de las cofradías. En otros pueblos, ya no existe. Sin embargo, en Concepción, los granjeros que se juntan en la mañana para trabajar las siembras se besan la mano como signo de respeto. El dueño de una tienda y su cliente se besan la mano tras la compra de una Coca-Cola. En Concepción, además, los sacerdotes mayas (chamanes) consultan los frijoles rojos o fuman tabaco con su dios principal, Maximón, para averiguar la fecha adecuada para sembrar. Los granjeros aún rezan oraciones pequeñas mientras dejan caer las semillas en la tierra.

Concepción una vez era un pueblo importante en el camino a México. Su iglesia se construyó en el año 1621 y es una de las más antiguas y seguramente la más bonita del lago. La iglesia es una verdadera joya, repleta de cuadros, muebles, reliquias religiosas y adornos, cálices de plata y custodias, e imágenes de los santos, todos de entre los principios del siglo XVII y el siglo XVIII; esto, a pesar de hurtos mayores de parte de turistas gringos. Quechelá significa “entre las montañas”. En un lado, hay terreno inclinado sembrado de maíz, hasta llegar a las peñas calizas. En el otro lado, riscos enormes recargados de cebollas descienden suavemente hasta el cañón, donde caen. A veces, pararse entre las siembras de cebolla es como estar en la orilla de la tierra o flotar en el aire.

Panajachel, hoy en día un centro turístico activo, es algo de un alboroto moderno, con un exceso de mototaxis, motocicletas, almacenes, vendedores, restaurantes, e iglesias. Una vez, sin embargo, era un pueblo tranquilo de pescadores y granjeros humildes de cebolla sembrando sus retoños tiernos en los planicies del Río San Francisco. Las siembras de cebolla aún rodean el río y ascienden en terrazas por las cuestas de la montaña hacia Tierra Linda en una pared del cañón y San Andrés Semetabaj en la otra. Hoy, poco del trabajo se realiza por los lugareños. Los que siembran y cosechan cebolla en Panajachel usan el traje de Sololá, y vienen de Peña Blanca, Buena Vista, y, más frecuentemente, Tierra Linda. La mayoría es femenina, las mismas mujeres que bajan caminando a Panajachel o viajan en picops a Sololá o en camionetas a San Lucas para vender su producto en los días de plaza. El 4 y 5 de octubre, 2005, inundaciones, derrumbes de rocas, y deslaves de lodo provocados por el huracán Stan casi acabaron con las siembras de cebolla de Panajachel y los senderos bajando de Tierra Linda y San Andrés. Trabajando con la tenacidad de las hormigas, el pueblo de Tierra Linda ha compuesto los senderos y restaurado las siembras de cebolla más allá de su gloria anterior.

La cosecha de la cebolla comprende dos elementos intercalados de mi experiencia con el amarrado del heno en mi niñez y el de mi papá en el prensado del trigo: la competencia y la colaboración. Los cosechadoras de cebolla, como hacíamos, tratan de superarse uno a otro pero sin motivos egoístas. En cambio, tratan de superarse para ayudarse, para lograr el trabajo pendiente sin penas excesivas para los compañeros. Así, si un hombre carga con 150 libras de cebolla en la espalda, el próxima aguanta 200 libras. Este vínculo con mi pasado lleva la siembra de cebolla al fondo de mi corazón.


capitulo6

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