Lords Of Atitlan


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Madre e Hijo

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Hace tres años, mi amiga Ursula me preguntó: “Si realmente quieres que tus fotografías documenten la cultura, las vidas, y la belleza de los mayas, entonces ¿por qué no has fotografiado a las madres dando el pecho a sus bebés? Se ven en todos lados.” Así dijo, y tenìa razón: en la palangana de cada picop, en cada camioneta, en cada siembra, mientras las mujeres lavan ropa, tejen, recolectan o cargan leña, o compran y venden en el mercado; en todos lados, dan el pecho. Yo le respondí a mi amiga que creía que dar el pecho es una actividad íntima entre madre e hijo a la cuàl no tenía derecho a invadir. Salí, felicitándome a mi mismo porque la respuesta fue muy buena, hasta conté la anécdota varias veces, convencido de haber tenido toda la razón. Sin embargo, por supuesto, estaba equivocado.

Pronto cambié mi actitud.

El 15 de agosto es el mero día de la feria de Sololá, el evento más colorido de mi año fotográfico. Para el mundo Católico, este día es el Día de la Virgen de la Asunción, (la patrona de Sololá). De día y de noche, bajo el sol o la lluvia, acompaño a las procesiones. Una vez durante una pausa en la procesión de dicho día, una cofrada de la cofradía de San Antonio me pidió sacarle una foto sentada en frente de la patrona y a la par de su incensario antiguo. Le daba el pecho a su nena mientras su hijo de 8 ó 9 años sonreía. Su expresión facial era de sabidurìa. Más tarde, cuando le entregué las fotos, lloró. Dar el pecho y la maternidad han sido temas fotográficos para mí desde ese entonces. La ternura entre la madre maya y su hijo llama la atención. La madre maya atesora estas fotografías también, y se acerca a mi cámara sin reservación ni crítica; al contrario, se acerca con orgullo. No hay estigma en dar el pecho en la cultura del altiplano guatemalteco. Es parte de la cultura.

Lo que uno nota primero es que los niños mayas raras veces lloran. Cuando un infante lo hace, rápidamente se atiende su llanto. Después de la infancia, los niños raramente lloran. Los bebés mayas van con sus madres a todos lados, amarrados en la espalda de la madre con un perraje, o tzute, un cuadrado de tela. Acompañan a sus madres a sembrar cebolla. Van con sus madres a sacar leña en las montañas, a traer agua del lago, y a lavar en la pila. Desde la espalda de su madre, los bebés conocen el mercado con todo lo que se ve y siente y su actividad. Desde la seguridad del perraje o tzute, ven el mundo y participan en las conversaciones entre adultos. He visto a una niña de un año imitando a su madre mientras corta café, a niños de dos años lavando cebollas, y niñas de dos o tres años lavando ropa en un riachuelo o la orilla del lago. Los niños participan desde temprana edad en el sustento y la economía familiar y generalmente son cariñosos y bien adaptados. Recomiendo el método maternal maya.


Capitulo4

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