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Tanto ante los ojos de los occidentales como de los indígenas, la gente de la comunidad de Santa Cruz la Laguna es la más exótica del Lago de Atitlán. Ante el ojo de la cámara, es tal vez su más guapa. El aislamineto geográfica y la falta de acceso por las calles han escondido a Santa Cruz del tiempo y de un mundo cambiante. La vida maya tradicional persiste allá, sobre todo en los pueblitos rurales. Las técnicas agrícolas, relaciones sociales, y estilos de casas centenarias no sólo sobreviven; florecen. Santa Cruz es una sociedad cerrada, casi un pueblo distinto. Casi todas las mujeres usan su traje, lo cual raras veces se ve fuera de Santa Cruz.
Históricamente, la única comunicación que los pueblos lacustres de Santa Cruz han tenido con el mundo de afuera era por agua o por senderos en las montañas. Este año, carreteras nuevas suben las montañas saliendo de Santa Cruz y Tzununá hacia Sololá. Las carreteras son ridículamente inclinadas, y aún no se han probado con la lluvia. Facilitan la caminata a los pueblos de las montañas de Santa Cruz: Pajomel, Chiutzancháj, y Chaquijchoy. Pero los habitantes del lago en Santa Cruz siguen viajando a Sololá como siempre, primero en lancha a Panajachel y luego desde allá en camioneta o picop. Jaibalito, ubicado entre Santa Cruz y Tzununá, probablemente nunca tendrá una calle.
Pasé un par de noches en Jaibalito a finales de abril. Me levanté temprano por la mañana del segundo día para visitar los pueblitos en las orillas de Santa Cruz. El sendero hacia Chuitzancháj sube recto por la montaña. El ascenso es arduo, pero lleno de deleites visuales tales como los cafetales, boques de pino, maizales, el Lago de Atitlán y sus volcanes, y, durante el invierno, cataratas. Sólo encontré a dos viajeros en el camino, niñas de Chuitzancháj que iban a vender hierbas en Jaibalito. Mientras yo luchaba para subir hasta Chuitzancháj, sin embargo, vi un torrente de actividad. Las familias cortaban y recolectaban leña. Los hombres subían y bajaban las montañas con la carga de maíz y pasto que por poco les quebraba la espalda. Las mujeres limpiaban la maleza de los huertos. Cortaban hojas de maíz para alimentar a los animales y para envolver y cocer los tamalitos. Rociadores de agua daban vueltas por doquier.
Chuitzancháj, igual que Pajomel y Tzununá, es una colección de pequeños asentamientos y grupos de casas familiares repartidos entre el cafetal. Las casas son mínimas y hechas de adobe, bajareque, o tablas de madera. Trojas y temazcales (saunas familiares) aún tienen techos de paja. Unos cuantos pollos, patos, o pavos, un par de cerdos, y hasta una vaca pasean por la mayoría de los hogares.
De Chuitzancháj, caminé por la calle hasta Pajomel, y caminé por el antiguo sendero de piedra a Tzanjomel y Tzununá, visitando y sacando fotografías en el camino. Llegando a la orilla del lago en Tzununá agotado, regresé a Jaibalito en la lancha pública.
Mucha de la gente que vi este día asistió a las ferias de Santa Elena de la Cruz en Tzununá (el 3 de mayo) y Santa Cruz (el 10 de mayo), igual como hice yo. Encontramos noticias tristes en Santa Cruz. Unos días antes ladrones habían hurtado las imágenes de Santa Elena y María del Carmen, las cuales que yo había visto cargadas por la gente de Tzununá por la última vez el domingo anterior. Presento mis mejores fotografías que saqué de Santa Elena y de la Virgen el 3 de mayo del 2006. Si alguna vez ven estas imágenes, avisen a alguien. Lo son todo para la gente de Tzununá, pues tienen poco.